Wo-Manlift. Una mujer que se levanta

"Me contestó que sí enseguida, aunque me preguntaba: '¿está segura? Mire que hay otro lugar disponible en las oficinas'."

Wo-Manlift. Una mujer que se levanta.

Valeria Grania

Valeria Graña ingresó a Montecon como consecuencia de un desafío que impactó su vida, el fallecimiento de su esposo, su padre y un amigo de ellos, durante un paseo de pesca. Su marido trabajaba en Montecon, y al convertirse de pronto en jefa de hogar su necesidad de encontrar empleo para mantener a sus dos hijos, no se hizo esperar. Montecon le dio esa oportunidad de inmediato, abriéndole las puertas a su primer empleo. Y le dio algo más, la chance de descubrir el poder energizarte de su propio coraje.

Escogió una tarea desafiante, tradicionalmente ejecutada por hombres. Su socio es un brazo articulado conocido como Manlift, que le permite subir hasta quince metros para monitorear contenedores refrigerados (Reefers), su misión cotidiana en el puerto de Montevideo. Desde lo alto, una nueva Valeria redescubrió su vida y la fuerza de su voluntad.

Valeria Grania

El destino o tal vez las casualidades permitieron que el gusto por despegar los pies de la tierra se plasmara. "Cuando entré a Montecon fui al sector de Limpieza. Un día teníamos que limpiar los vidrios de afuera de la oficina del gerente y había que subirse al Manlift. Ninguna de mis compañeras se animaba; yo fui la primera y la única en levantar la mano", recuerda.

Ese día supo que lo suyo era trabajar en altura, y eso podía suceder ejecutando tareas entre los contenedores apilados, por lo que se propuso conseguir el pase. "Empecé a insistirle a mi supervisor para hacer los cursos y entrar al área de Reefers. Me contestó que sí enseguida, aunque me preguntaba: ‘¿está segura? Mire que hay otro lugar disponible en las oficinas’. Pero yo quería ese puesto", rememora.

Sin techo de cristal.

Ella sabía que su inquietud traería un cambio, no solo en ese sector sino en la compañía. Sería la primera mujer en controlar la temperatura, la humedad y la ventilación de los contenedores que cargan mercadería perecedera, desde carnes y frutas hasta vacunas. Eso, además de enchufarlos o desenchufarlos a los barcos y de repararlos en caso de averías.

Valeria Grania

"Llegué y los compañeros me dijeron 'mirá que acá se trabaja así'."

"Llegué y los compañeros me dijeron ‘mirá que acá se trabaja así’. Me pusieron los puntos, y yo los acepté. Pero también puse los míos, así que fue un acuerdo", asegura. Desde el día uno se encontró cómoda en el grupo y decidió que haría el trabajo a la par del resto: "Un día le toca a un hombre recoger cincuenta cables, al otro día me toca a mí. No hay diferencias".

Una mano amiga y empleadora.

Hasta hace cuatro años, Valeria veía el puerto a través de los ojos de su marido Adrián, quien trabajaba en el área de Mantenimiento de la compañía. "Él mostraba fotos, hacía cuentos y yo por dentro me preguntaba si tendría la oportunidad de conocerlo alguna vez", relata. Por aquel entonces estaba dedicada cien por ciento a la crianza de sus hijos Hiojan y Agustín; pero la desaparición de su esposo no le dejó otra opción.

Valeria Grania

Valeria Graña

Operaria de Control de Equipos Reefer

Salió a pescar en una embarcación junto a su suegro -papá de Valeria- y un compañero de trabajo, y nunca volvieron. "El accidente no fue en horario laboral; sin embargo, la empresa nos ofreció trabajo a la señora del otro muchacho y a mí para darnos una mano. Nos dijeron que nos tomáramos nuestro tiempo y cuando estuviéramos prontas, que las puertas estaban abiertas. Yo esperé casi tres meses".

Valeria, la vida empoderada.

Valeria Grania

"Muchas mujeres piensan que en el puerto se hacen tareas pesadas que solo el hombre puede realizar. Y no es así."

Pasar a ser jefa de hogar de la noche a la mañana "no fue fácil -admite-, pero tampoco imposible". Al principio creyó que no aguantaría: corría del trabajo a casa, llevaba al más chico a la práctica de fútbol, al mayor a la maestra particular de matemática, se acostaba tarde y al otro día se levantaba muy temprano. "Pasaban las semanas y el cuerpo no me respondía; hasta que me acomodé y la cosa empezó a cambiar", cuenta.

Su tiempo fuera de Montecon lo dedica casi exclusivamente a sus hijos; el resto de la jornada, quedan al cuidado de su mamá. "Yo trabajo y ella me ayuda con los nenes. Hasta que me pongo a trabajar, estoy todo el tiempo llamando a mi madre para ver cómo están y si necesitan algo. Para ellos fue un cambio muy grande. Y colaboran: si les digo que mañana voy a tener un día largo, me dicen ‘vos andá a descansar’ y se ponen a jugar tranquilos".

Si no está maniobrando el Manlift, se la ve subiendo y bajando las escaleras de los andenes donde se conectan los Reefer o arreglando los contenedores rotos para evitar que les entre agua. No hay frío, ni calor, ni lluvia que la detenga; solo los vientos que soplan a más de 34 kilómetros por hora, -por razones de seguridad, aclara-.

"Muchas mujeres piensan que en el puerto se hacen tareas pesadas que solo el hombre puede realizar. Y no es así. A ellas les diría que se animen a trabajar acá, que uno llega hasta donde quiere. Con empeño y ganas, se puede". Solo hay que atreverse a volar.

Montecon

Montecon es el principal operador de las áreas públicas del Puerto de Montevideo, tanto para contenedores, como para carga general y carga proyectos. Sus clientes reciben un servicio integral de calidad mundial.